Vestirme de rojo cuando se me antoje.
Alborotarme el cabello.
Dejar que mi olor a plantas silvestres
emerja de debajo de mi ropa.
Reír sin taparme la boca.
Besar, sí, besar mucho.
Enseñar mis colmillos, si es necesario.
Caminar sonriendo, aunque camine sola.
Tomar mi mano, si nadie lo hace
porque yo soy mi príncipe azul,
yo estoy aquí para rescatarme.
Comer para disfrutar y comer para crecer.
No hacerme lo que no le haría a l@s demás.
Los sábados en la noche convertirme en cometa brillante
y al otro día en estrella fugaz.
Aspirar el olor del pasto y de la lluvia.
Amar las nubes tanto como al sol.
Deslizarme por mis propias grietas hasta hallar de nuevo la luz.
No temer mi oscuridad, sólo porque me han dicho que tengo que temerla.
Aprender a gozar de mi piel con manchas, con venas, con estrías,
afortunadamente, nada de eso impide el placer.
Ir a todos lados con mi mirada niña.
Alejarme de las sitios que no me corresponden,
Escuchar mi latido por encima del ruido.
Y sobre todo, siempre, beber de mi propia fuente del Saber.